Entendemos una ciudad inteligente como un entorno complicado, apto en exclusiva para las generaciones millenials y expertos en tecnología. Pero no, este es en realidad un concepto que denota sencillez a la hora de interaccionar con nuestro entorno y realizar las acciones de nuestro día a día. Esta realidad no es solo aplicable a nuestra smart home; la sencillez y la comodidad llegan para quedarse a nuestra smart city.

Pese a que el concepto todavía nos resulta lejano y un tanto confuso, la ciudad inteligente se expande poco a poco. Edificios, redes de transporte, universidades y colegios… y ¿han percibido algún obstáculo insalvable? Más bien al contrario: edificios menos contaminantes, transporte público más eficiente, universidades más integradoras…

¿Qué es una ciudad inteligente?

Gestión de la ciudad inteligente

Un estudio publicado por Gartner asegura que el futuro ya está aquí. Las ciudades inteligentes crecerán y sus ciudadanos serán perfectamente capaces de adaptarse a ellas.

En 2019, de acuerdo con las estimaciones de esta firma hasta el 50% de los habitantes de grandes ciudades, compartirán algún tipo de información relacionada con la gestión de las smart cities (administración inteligente, por ejemplo).

Hacia el año 2020, el estudio de Gartner estima que un 20% de las administraciones en estas ciudades generarán valor con este tipo de iniciativas que facilitan la gestión de servicios y la interacción con el ciudadano.

Los estudios calculan que, en la actualidad, existen alrededor de 18 millones de hogares inteligentes en Europa y EEUU, una cifra en pleno auge.

Una exigencia urbana

La creación de ciudades inteligentes se asienta en una evidencia: el éxodo hacia las ciudades. En este sentido, se estima que el 67% de la población mundial vivirá en ciudades en el año 2050. Estas estimaciones que ha lanzado la ONU explican la importancia de crear entornos (no sólo hogares) más confortables y de sencilla gestión.